Reflexiones en la víspera de las precampañas.

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(*)Jesús Alberto Cano Vélez

Inicia este año electoral en un clima de duda e incertidumbre en la población. Mientras el sistema de partidos y sus estructuras se preparan para ir a las precampañas de donde saldrán los candidatos formales de cada partido político y los independientes, la actitud de la gente tal vez es de desconfianza.
No ha crecido suficientemente la economía ni bajado la inseguridad. Lo primero implica la posibilidad de un empleo formal con un sueldo suficiente para la manutención familiar; lo segundo significa que los miembros de una familia puedan salir a desempeñar sus distintas  actividades y regresar a casa sanos y salvos.

Ninguno de estos dos temas han estado suficientemente atendidos. No será el electoral, un reto menor. A la renovación de la Presidencia de la República y el Poder Legislativo (500 diputados y 128 senadores), hay que añadir seis gubernaturas, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, 579 diputados locales, 876 ayuntamientos, 16 jefes delegacionales en la Ciudad de México y 20 juntas municipales, en un total de 2,127 cargos de elección popular.

Hoy, el sistema de partidos y las organizaciones independientes, con el INE a la cabeza, se prepararan para la realización de la primera etapa del proceso electoral del 2018, que son las precampañas, según la nueva ley en la materia.

En esta víspera, observamos a los distintos adversarios confrontarse con ideas y propuestas; algunas acertadas, claras en los qué aunque omisas en los cómo -aún es muy temprano- y otras que resultan descabelladas a más no poder, como prometer otorgar el perdón a los delincuentes: secuestradores, torturadores, traficantes de personas y órganos, narcotraficantes, etc. Todo con tal de ganar votos y arribar al poder. Lo cual es repudiable.

Tenemos el sistema electoral más costoso del mundo, a pesar de ser un país donde el 43% de la población padece de pobreza y pobreza extrema. Es decir, de una población total de 123 millones de habitantes, 53 millones de ésta población son pobres. A pesar de ello, se gasta mucho dinero en los procesos electorales, para evitar que haya abusos, excesos y desvíos, como ocurría en el pasado.

Las aspiraciones de la gran mayoría de los mexicanos, del logro de más empleo y seguridad, dependen de que la familia, la comunidad y la sociedad en su conjunto, puedan desarrollarse, crecer, y cohesionarse en torno a proyectos de beneficio individual y colectivo.

De lo que ni los politólogos, ni los analistas, y menos algunas figuras políticas que pronto irán a la contienda, se han dado cuenta a cabalidad, es que más allá de los costosos videos, la propaganda, los espectaculares, el tiempo en medios o el ejército de operadores en las redes sociales, quien va a ganar es quien logre generar confianza en la gente de que les allegará empleo y seguridad. Ni más ni menos.

(*)Economista
@acanovelez

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